
Maria Anwander (1980 en Bregenz, Austria; vive en Berlín, Alemania) estudia las estructuras jerárquicas de la sociedad, centrándose principalmente en las políticas de género y la desigualdad social. En su exposición ‘nothing to declare’, traslada su análisis sobre las pretensiones de poder al espacio exterior, siguiendo el rastro de su propia historia personal.
En la muestra, la artista combina formas arcaicas y materiales naturales con elementos tecnológicos e industriales para generar una tensión entre lo primitivo y la promesa del progreso. Sus obras aluden al impulso humano de conocimiento, control y poder, a la vez que cuestionan el trato negligente hacia nuestro planeta.
En la parte posterior de la sala se exhibe ‘Untitled (Big Bang)’, una pieza tejida con desechos plásticos. Retomando la tradición milenaria de la manufactura textil, Anwander utiliza restos de plástico encontrados en la calle para crear un patrón abstracto. El tejido muestra un fragmento de código binario, basado en un archivo de audio creado en 2003 por John G. Cramer, profesor de física en la Universidad de Washington en Seattle. A partir de datos de la radiación de fondo cósmica, Cramer simuló el sonido del Big Bang durante los primeros 760,000 años del universo.1 Anwander fragmenta esta simulación y la integra en un diseño gráfico traducido a código binario.
Para la segunda obra, la artista viajó por Oaxaca buscando una roca adecuada para su instalación. En ‘interstellar object no. 1’, Anwander une dos temporalidades opuestas: interviene una piedra de millones de años de antigüedad – formada por procesos naturales y con incrustaciones cristalinas – añadiéndole “alas” de paneles solares de apariencia tecnológica. Esta intervención transforma el objeto arcaico en una escultura híbrida que, por su forma y tamaño, se asemeja a los miles de satélites artificiales que orbitan la Tierra. Esta contradicción material contrapone la escala astronómica de la historia terrestre con la caducidad de la tecnología moderna. Incapaz de volar y pesadamente anclada al suelo, la pieza se convierte en un símbolo de nostalgia por el pasado del planeta y, al mismo tiempo, en un prototipo frágil de un futuro donde los límites entre lo natural y lo tecnológico se desvanecen.
La exploración de Maria Anwander sobre el espacio y su naturaleza tiene su origen en su fascinación por los meteoritos y en la historia de un niño que, durante su infancia, presenció la caída de uno y lo llevó a casa. Ese niño era el hermano fallecido de la artista. En aquel entonces, ella no mostró un interés particular por la piedra ni por su historia; sin embargo, treinta años después, el relato se ha vuelto una presencia constante.
Debido a que el objeto se encuentra extraviado, ya no es posible verificar si se trataba de un meteorito auténtico o simplemente de una piedra común que cobró vida a través de la imaginación infantil. De este modo, la búsqueda de meteoritos de Maria Anwander —o el intento de crear uno ella misma— se transforma en una búsqueda emocional de su propio hermano.
Maria Anwander nació en Bregenz, Austria, en 1980 y vive en Berlín, Alemania. Estudió arte multimedia y escultura en la Academia de Bellas Artes de Viena. Como artista conceptual, su obra artística abarca el vídeo, la fotografía, la instalación y las intervenciones en espacios (semi)públicos. Anwander se ocupa de las estructuras jerárquicas, centrándose en la política de género, la desigualdad social y la influencia de las nuevas tecnologías en nuestra sociedad. Sus obras se han presentado en numerosas exposiciones individuales y colectivas a nivel internacional, entre ellas Kunst Halle Sankt Gallen (Suiza), Kunstverein Friedrichshafen (Alemania), Kunsthalle Mainz (Alemania), Kunstmuseum Liechtenstein (Liechtenstein), Kunstmuseum St. Gallen (Suiza), Museo de Arte Carrillo Gil en Ciudad de México (México), Künstlerhaus Vienna (Austria) y AC Institute en Nueva York (Estados Unidos). También ha participado en la Bienal de Arte Joven de Moscú, así como en proyectos asociados a la IV Bienal de Arte Contemporáneo de Moscú (RU) y Manifesta 12 en Palermo (IT).